¡Tendremos un hijo! ¿Qué pasa con el perro?

Es vuestro juguete y tiene toda vuestra atención. Se pasea por cualquier lugar de la casa, lo sacáis a pasear, hacéis unos toques con la pelota… y de golpe a vuestro perro le cambia la vida con la llegada de un bebé a la familia, como tenéis que actuar? Con la ayuda del veterinario del Dispensari Veterinari del Vallès, Héctor Hernández, que acaba de ser padre, os hablamos de lo que hay que hacer en estos casos.

 

Prevención

Ante la llegada de un bebé a una casa donde hay perro, lo primero que hay que hacer es preparar al animal. A pesar de que es poco probable que éste transmita una enfermedad al pequeño, hay que tomar ciertas precauciones. Lo más importante y que hay que hacer siempre es desparasitarlo internamente, puesto que las zoonosis –enfermedades que se transmiten de animales a humanos- más comunes son vía parásitos intestinales. No se trata de hacer nada que no sea lo habitual, sino simplemente seguir la pauta.

En segundo lugar, hace falta desparasitarlo también externamente: pulgas, garrapatas y piojos son los parásitos externos más habituales. Poned pipeta, collar o el método que os aconseje vuestro veterinario y que sea más adecuado para vuestro perro.

Aproximación

Ya que disponemos de unos meses para prepararnos para la llegada del bebé a casa, ya podemos empezar a habituar al perro con antelación. Pensad que para ellos es como si fuera un ejemplar de otra especie, por eso, si tenéis algún familiar o amigo que tenga un niño pequeño, probad de acercarlo, siempre de manera controlada, y estudiad su comportamiento. Si veis que la actitud es buena, perfecto, seguramente no tendréis ningún problema. Si observáis algún tipo de agresividad, cosa que no acostumbra a ser demasiado habitual, lo mejor es llevarlo a un veterinario especialista en comportamiento, un etólogo.

Naturalidad

Si todo ha ido bien, el día de llegada a casa lo ideal es que lo hagamos con la mayor naturalidad posible y que intentemos que haya pocos cambios. El perro notará algunas alteraciones: cambiarán los olores, nuestra actitud, nuestra manera de tratarlo, pero tenemos que intentar minimizarlo lo máximo posible. Por eso hay que seguir con las mismas rutinas, los paseos, el tiempo que le dedicamos, simplemente que no se sienta desplazado por la llegada de un nuevo miembro de la familia.

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Familiarización

Es muy bueno también que le demos para oler las toallas que utilizamos para secar el niño, los pañales, que se vaya acostumbrando a los nuevos olores. Si hacemos esto, poco a poco y siempre bajo control, no tiene que haber ningún problema. De hecho, cuando los niños son muy pequeñitos, no les hacen demasiado caso: se los miran, los huelen y basta. El niño tampoco interaccionará con él, por lo tanto se trata de que se vaya familiarizando. Después, a medida que vaya creciendo y el niño se mueva más, ya se prestará una mayor vigilancia, pero en un principio esto sería lo más básico.