Pon un perro en tu vida

no sabíamos que el perro, en un tiempo récord, nos sacaría a la calle sin pereza, nos haría tomar decisiones consensuadas, nos provocaría risas estando a su lado, en fin, nos robaría el corazón".

Por Mireia Olivé

Era un reclamo histórico en la familia. Nuestros hijos nos pedían un perro desde que tenían uso de razón. Y ya habían agotado todas las vías posibles; carta a los Reyes cuando eran más pequeños, bombardeo de imágenes de adorables cachorros que recibíamos a través de todos los canales de comunicación familiar, etc. Esos niños se hicieron mayores y suficientemente maduros como para asumir la responsabilidad que requiere tener una mascota en casa, así que decidimos que era el momento de acoger un nuevo miembro en la familia: un perro amistoso de aguas..

El pasado mes de mayo ” Guinness” llegó a nuestra casa, con casi dos meses de su nacimiento, después de compartir el amamantamiento de la madre con sus siete hermanos. El perro era una pequeña bola de peluche negro, donde casi era imposible distinguir unos ojos también oscuros. . Sólo cuando levantó su pequeña cabecita, descubrimos una mancha blanca en su pecho, herencia de su madre “ Sidi”.

Después de poner las primeras vacunas, el chip, y recibir algunas recomendaciones de la clínica veterinaria, le llevamos a casa para que conociera su nuevo hogar. En casa lo tenía todo listo: alimentadores, pienso y latas, juguetes, premios, etc… Se mostró un poco asustado al principio, pero dado que durante la lactancia se inició en un proceso de socialización, pronto se fue adaptando.

Compartir tareas

La familia también tuvimos que acostumbrarnos a la nueva situación. Nos organizamos para compartir entre todos, las tareas: alimentarlo, cepillarlo, llevarlo a pasear, recoger el excremento... y jugar, que es lo más fácil. Porque, como la mayoría de los cachorros Guinness es muy juguetona. Espabilada e insistente, tiene el balón siempre a punto para que le hagas unos lanzamientos y no se agota después de las continuas correderas por la terraza.

Sorprendentemente, en casa todos cumplimos con nuestras responsabilidades sin protestar. La llegada de la perrita incluso parece haber suavizado los arrebatos de la adolescencia, y hemos recuperado el alegre saludo de nuestros hijos cuando entran en casa, aunque la destinataria de sus gracias sea la Guinness. Y es que la perrita es la primera en recibirte cuando entras por la puerta. .

En verano nos la llevamos al apartamento de la costa. No le costó nada habituarse a la buena vida en una comunidad donde grandes y pequeños le hacían todas las fiestas.Allí conoció también otros perros con los que compartió paseos y baños en la playa petfriendly de Cambrils. Unos días que, como toda la familia, después añoró mucho en volver a la ciudad..

Ahora nos preparamos para pasar el primer invierno con la Guinness. No podrá entrar y salir de la terraza a su gusto, pero ya ha aprendido a aguantarse los esfínteres y esperará paciente que la saquemos a pasear: tenemos los turnos hechos y el barrio ya es conocida de todos.

“"Guinness? Le ha puesto por el récord? ", Nos preguntan. "No, por la cerveza negra!", Respondemos. Y es que en bautizarla no sabíamos que la perrita, en un tiempo récord, conseguiría hacernos salir a la calle sin pereza, tomar decisiones en familia consensuadas, reír juntos a su alrededor y, en definitiva, robarnos el corazón..

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